¿Cómo se desarrolla la inteligencia emocional?
Edwin Prieto
Última actualización: 31/01/2025
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Sentir e identificar las emociones son los primeros pasos para desarrollar la inteligencia emocional y poder aprovechar los beneficios que se obtienen al entender lo que sucede en cada individuo y en los demás. La psicología ha estudiado este tema durante muchos años y ha logrado hacer algunas recomendaciones.
Es importante considerar que las emociones impulsan a cualquier individuo hacia una acción, ya que son el vínculo ineludible entre pensar y hacer. Así, ante cualquier situación, lo primero que hace una persona es buscar una explicación a través de los pensamientos. Luego siente una emoción como una reacción fisiológica a lo que ha sucedido. Al conocer el detonante y lo que genera, se puede manejar mejor cualquier evento. Por ello, es imprescindible la inteligencia emocional.
La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer, comprender y gestionar nuestras propias emociones, así como de identificar e influir en las emociones de los otros individuos. En este sentido, además de saber por qué es importante la inteligencia emocional, es indispensable aprender a desarrollarla porque es un componente clave para el éxito personal y profesional.
Desarrollo de la inteligencia emocional
Aunque todas las personas sienten cada una de sus emociones, pocas pueden controlarlas y aprovecharlas a su favor, por lo que no saben cómo se logra la inteligencia emocional. Pensando en disfrutar de los beneficios que genera, se deben seguir los siguientes pasos para desarrollar la inteligencia emocional, por medio de practicar la autoconciencia, cultivar la autorregulación, expresar lo que se siente, establecer metas personales, registrar lo que se experimenta, escoger el estado emocional y fomentar la empatía.
1. Practicar la autoconciencia
La autoconciencia es el primer paso para desarrollar la inteligencia emocional y consiste en identificar y comprender las emociones. Esto implica reflexionar sobre lo que se siente, reconocer patrones emocionales y entender cómo afectan el comportamiento. Analizar las reacciones en distintas situaciones y pedir retroalimentación a personas de confianza son herramientas útiles para fortalecer este aspecto.
El desarrollo de la autoconciencia permite anticipar las respuestas emocionales y tomar decisiones más conscientes. Al entender mejor las emociones, se logra un mayor control sobre cómo enfrenta cada individuo los desafíos diarios, lo que impacta positivamente en sus relaciones y en su bienestar general.
2. Cultivar la autorregulación
El segundo paso trata sobre la autorregulación, que es la capacidad de manejar las emociones de manera constructiva. Para lograrlo, es clave practicar la pausa antes de reaccionar, aprender técnicas de manejo del estrés como la meditación o el ejercicio, y expresar emociones negativas de manera saludable. Este paso ayuda al individuo a mantenerse calmado y centrado incluso en situaciones difíciles.
Controlar las emociones impulsa la capacidad particular de adaptación y permite responder con mayor eficacia a los retos. Con una buena autorregulación, las personas evitan reacciones impulsivas y generan un ambiente más equilibrado, tanto para ellas mismas como para quienes las rodean.
3. Expresar lo que se siente
Sentir las emociones a plenitud y expresarlas de manera adecuada permite procesarlas profundamente. Hablar de lo que se siente, incluso cuando son emociones incómodas como el enojo o la tristeza, es esencial para liberar tensiones y evitar que las emociones se acumulen, lo que podría generar estrés o conflictos internos. Compartir las emociones ayuda a validarlas y a crear conexiones más auténticas y profundas.
Además, expresar las emociones de manera constructiva no solo beneficia la salud emocional, sino que también fomenta un ambiente de confianza y empatía con el resto. Sin embargo, es importante aprender a comunicar las emociones con claridad y respeto, ya que una expresión descontrolada puede generar malentendidos.
4. Establecer metas personales
La motivación intrínseca es esencial para que las personas se puedan mantener enfocadas y resilientes. Definir metas claras y alcanzables, dividirlas en pasos pequeños y celebrar cada logro ayuda a mantener esta motivación. Asimismo, reflexionar sobre los valores y el propósito personal también fortalece el compromiso que tienen los individuos con aquello que quieren lograr.
De esta manera, establecer metas no solo fomenta el crecimiento personal, sino que también genera confianza al superar obstáculos. Incluso, los fracasos llegan a convertirse en oportunidades de aprendizaje, impulsando a las personas a seguir adelante con mayor claridad y determinación.
5. Registrar lo que se experimenta
Llevar un diario emocional sirve para reflexionar sobre las experiencias del día y comprender mejor las emociones. Dedicar 10 minutos cada noche a identificar qué emociones surgieron, sus causas y cómo se manejaron, permite descubrir patrones emocionales y comportamientos desconocidos. Este hábito fomenta la autoconciencia, ya que permite analizar los eventos positivos y los desafiantes.
Además, registrar las emociones es una herramienta útil para aprender de las propias reacciones y tomar decisiones más conscientes en el futuro. Escribir sobre lo que generó alegría, tristeza, miedo o ira, por ejemplo, puede ayudar a identificar qué aspectos de la vida están en equilibrio y cuáles necesitan atención o ajuste.
6. Escoger el estado emocional
Aunque las emociones surgen espontáneamente como respuesta a estímulos externos o internos, con práctica y autoconocimiento, los individuos pueden influir en cómo reaccionan a las emociones y, en consecuencia, elegir el estado de ánimo apropiado para cada situación. Por ejemplo, si una situación genera frustración, es posible trabajar en transformar esa emoción en calma o determinación para afrontarla con mayor claridad.
El poder de escoger el estado emocional radica en su impacto en la automotivación y la concentración. Este proceso no significa reprimir las emociones, sino reconocerlas, comprender su origen y decidir conscientemente cómo la persona quiere sentirse o actuar en función de sus objetivos.
7. Fomentar la empatía
La empatía es la habilidad de comprender y conectar con las emociones de los demás. Por lo que, escuchar activamente, evitar juicios rápidos y tratar de ponerse en el lugar del otro son acciones que permiten desarrollarla de la mejor manera. Por su parte, tener pequeños gestos de amabilidad y de atención con los demás, fortalecen esta habilidad esencial para las relaciones humanas.
Una mayor empatía sirve para construir vínculos más profundos y colaborar eficazmente con los demás. Al entender sus perspectivas, se genera confianza y se crea un ambiente de respeto y apoyo mutuo en todas las interacciones diarias, sabiendo qué decir y cómo comportarse ante alguien que siente emociones fuertes.
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Tipos de inteligencia emocional
Conocer la inteligencia emocional desde la perspectiva de Daniel Goleman, pionero de este tema, ofrece la oportunidad de hablar sobre la relevancia de las emociones en el ser humano y la necesidad de aprender a gestionarlas eficazmente. En este sentido, Goleman trabajó en su libro Inteligencia Emocional (1995) sobre la definición de la inteligencia personal y la inteligencia interpersonal.
Inteligencia personal
También conocida como inteligencia intrapersonal, se trata de la habilidad que tienen las personas para relacionarse consigo mismas. Tiene que ver con la manera en la que los individuos entienden, identifican y regulan sus propias emociones, así como sus estados emocionales, con lo que pueden enfrentarse mejor a sus situaciones cotidianas.
La inteligencia personal está comprendida por la autoconciencia, que es la manera en la que cada quien entiende sus fortalezas, debilidades, emociones y estados de ánimo. La autorregulación también interviene y con ella se pueden controlar las propias emociones. Finalmente, la automotivación mantiene las fuerzas para lograr los objetivos y metas.
Inteligencia interpersonal
La inteligencia interpersonal se refiere a la manera en la que las personas pueden reconocer las emociones de los otros individuos. Esta inteligencia permite desarrollar acciones para ir mejorando la gestión emocional, lo que facilita las relaciones sociales. Para lograrlo, es necesario aprender a ponerse en el lugar de las otras personas.
Pensando en lo que sienten los demás, la inteligencia interpersonal está determinada por la empatía, conocida como la habilidad que tienen las personas para comprender las emociones de otros y sentirlas como propias. También intervienen las habilidades sociales, con las cuales se puede interactuar asertivamente con el resto de las personas.
Una vez que se conocen los tipos de inteligencia emocional y los elementos que componen cada una, se puede trabajar en las diversas estrategias o recomendaciones que sirven para desarrollar la inteligencia emocional, siendo una habilidad que se puede trabajar y mejorar con el tiempo. Y es que saber qué hacer con lo que generan las emociones, le permite a cualquier persona tener una vida más plena y con más oportunidades para interrelacionarse mejor.